El equilibrio justo reside dentro de ti.
Eres una balanza humana bien equilibrada. Sabes quererme como nadie a puerta cerrada, pero quererme en el sentido más crudo de la palabra. Querer mis piernas, mi pelo, mi olor, mis labios pero nunca, nunca mi corazón.
Soy gata y lo sé, pero tú con tus besos a dos tiempos y esa sonrisa bien metida entre revolcón y revolcón haces que me vuelva tierna y por unas horas no me importe estar a brazo partido.
¿Y a puerta abierta?
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